Varios hombres y mujeres trabajaban segando con hoces y guadañas, con atuendos del siglo XIII.
Yo estaba en un camino, mirando las personas trabajar. El sol calentaba e iluminaba el paraje dando luz a cada rincón. sin ser interrumpido por una sola nube.
Todo estaba en calma, las hoces sonaban por todas partes, segando hierva.
Empecé a caminar, salí del camino y entré en los campos de espigas; las espigas me daban en la cara, apenas podía ver a nadie desde dentro de la hierva.
Camine y caminé y di con una hoz abandonada en el suelo... ¿que hace allí?... me agaché por ella y la tomé en mis manos. cuando volví a a levantarme un gran estruendo sonó, el cielo se oscureció y la hierva creció de repente hasta alzarse dos metros sobre mi cabeza.
Los gritos de los jornaleros se escuchaban por todas partes.
Yo comencé a correr, apartando las espigas a mi paso; poco a poco el suelo se fue embarrando; a mis pies, agua brotaba de alguna parte e inundaba los campos; seguía corriendo pero el agua cada vez crecía mas e impedía los movimientos; el agua ya llegó a mi cara, entonces escuché muchos menos gritos de campesinos; alcé la cabeza y vi la luna, majestuosa, luminosa e inmensa...